martes, 11 de agosto de 2009

De intelectual orgánico a detective orgánico

Leyendo sonidos
Día con día
Héctor Aguilar Camín

He tratado de penetrar el informe técnico-científico de la Comisión Nacional de Derechos Humanos sobre el asesinato del reportero Brad Will, ocurrido en Oaxaca el 27 de octubre del año 2006. Tuve que resignarme al compendio de sus hallazgos hecho por el presidente de dicha Comisión, José Luis Soberanes, en los siguientes términos:

La distancia en que fue accionada el arma es entre 35 y 50 metros. Para llegar a esta conclusión, los peritos de la CNDH establecieron, con base en información de los fabricantes, que una bala disparada por un revólver del tipo 38 especial recorre esa distancia en 165 milésimas de segundo, lo que coincide con los análisis realizados al audio de la cámara del periodista, en los que se advierte que hay 166 milésimas de segundo entre el disparo y el impacto en el cuerpo del señor Bradley Roland Will.

(Conferencia de prensa, octubre, 2008).

Hace dos años y medio Julián Andrade y Omar Sánchez de Tagle publicaron en MILENIO (14/11/06) la otra versión del hecho —que el revólver fue disparado de cerca— a partir también del sonido que registra el video que tomaba Brad Will en el momento de ser asesinado.

“Aumentando el decibelaje” del video, explican Andrade y Sánchez de Tagle, puede escucharse en la grabación, el siguiente diálogo:

—No estén tomando fotos, apaguen las pinches cámaras —grita alguien.

Segundos después:

—¿Qué no te dije, güey?: ¡que no estés tomando fotos!

Los peritajes señalan que se puede percibir el sonido del “cerrojeo de un arma de fuego”. En ese instante alguien exclama:

—No, no, no…

Enseguida se escucha un disparo más.

Del sonido pericial de la CNDH se deduce que a Brad Will lo mató uno de los agentes del gobierno que disparaba en ese momento desde la esquina de la calle. No le disparaba a Will en particular, sino a la multitud.

De la deducción sonora reportada por Andrade y Sánchez de Tagle se desprende que quienes mataron a Brad Will iban con él, se enojaron de que estuviera tomando lo que sucedía con su cámara, y le dispararon.

En la primera lectura, el asesino es el gobierno. En la segunda, el asesino es la gente que iba con Brad Will. Mismo sonido, realidades divergentes. Yo le apuesto sin parpadear a lo que dice el sonido de Andrade y Sánchez de Tagle, pero no deja de ser un pobre indicio de cómo andamos el que uno tenga que ir a los medios a elegir su verdad en vez de a conocerla.
Diario MIlenio

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